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Propiedad intelectual y apropiación tecnológica en los territorios ocupados de Ucrania
Febrero de 2022, una serie de ataques con drones lanzados por el ejército ruso provoca numerosas bajas entre los soldados ucranianos que defienden la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa. Un mes después, las fuerzas rusas toman el control de la planta tras una serie de intensos combates. Desde entonces, la central está bajo dominio ruso.
La guerra en Ucrania, provocada por la invasión del ejército ruso de extensas zonas limítrofes con Rusia, ha sido ampliamente narrada desde una perspectiva militar, política y humanitaria. Hemos visto ciudades destruidas, cadáveres en las calles y el éxodo de millares de personas. Actualmente, mientras la batalla continúa, estamos siendo testigos de una negociación diplomática (llamada así más bien por el sentido formal del rango de sus interlocutores, que por la equidad real de los términos y condiciones puestas sobre la mesa) en la que una de las cuestiones relevantes es el acceso y control de los Estados Unidos a las llamadas “tierras raras” ucranianas.
¿Hay una guerra tecnológica y nadie la está contando?
En un mundo donde el conocimiento, la innovación y la tecnología son activos estratégicos de primer orden, esa pregunta es inevitable. La guerra moderna ya no se libra exclusivamente con tanques, misiles y drones, sino también con el control de datos, algoritmos, patentes, know-how y desarrollos científicos. Las potencias que compiten en el escenario global entienden que dominar este tipo de intangibles puede ser tan decisivo como controlar el espacio aéreo terrestre.
La toma de la central nuclear es solo la punta del iceberg del deseo de Rusia de hacerse no solo con amplias zonas geográficas sino también con el conocimiento, el know-how de las miles de empresas que pudiera haber en la zona en conflicto. Antes de la invasión, Ucrania contaba con un sector tecnológico en auge, con exportaciones en tecnología de la información que casi se triplicaron entre 2016 y 2021 alcanzando los 7.000 millones de dólares anuales, (según Wired UK, edición en español, adaptación de Andrea Baranenko).
La ocupación rusa y la propiedad intelectual
La región de Zaporiyia, en la que se encuentra la central nuclear, es un centro de conocimiento, resultado de años de trabajo de científicos e ingenieros que han ido desarrollando la tecnología para actualizar la central y crear a su alrededor un ecosistema de nuevas empresas innovadoras y polos de emprendimiento al servicio de la central nuclear más grande de Europa.
El traslado forzoso de profesionales, la incautación de instalaciones y el desmantelamiento de procesos productivos ha provocado un vacío del que se va a beneficiar el nuevo orden establecido por el ejército invasor mediante la ocupación silenciosa de la propiedad intelectual del país perdedor en las zonas dominadas por el ocupante.
En esta nueva guerra el botín no es solo el espacio físico o las instalaciones de piedra y ladrillo sino también los planos, las bases de datos, las técnicas (por ejemplo, de extracción de minerales) o las patentes.
¿Qué ocurre con los derechos de propiedad intelectual cuando un territorio es ocupado por la fuerza?
La propiedad intelectual es un derecho territorial. Una patente se registra en una jurisdicción y tiene validez dentro de ese territorio.
Entonces ¿qué ocurre cuando una empresa ucraniana, titular de una patente registrada para todo el territorio del país, pierde el control en algunas zonas del Estado? Imaginemos un laboratorio que utiliza una fórmula patentada, o una empresa de ingeniería que desarrolla un proceso protegido por patente en Ucrania. ¿Qué ocurre con esas patentes en los territorios ocupados? ¿Puede el ocupante explotar tecnológicamente ese laboratorio? ¿Puede utilizar ese desarrollo tecnológico? ¿Podría registrar bajo su nombre esos desarrollos en su propio sistema de patentes?
La propiedad intelectual puede ser confiscada en sentido tradicional siempre que hubiera sido protegida mediante un registro y se llevara a cabo una expropiación. Si ese conocimiento no fue registrado no podría ser objeto de expropiación en sentido estricto, pero sí de apropiación fáctica.
Si el titular de una patente pierde el control físico del entorno donde se desarrolló su invención, esa tecnología puede ser expropiada, replicada, usada o incluso reinterpretada por el ocupante sin su consentimiento.
Algunos sistemas de patentes como el ruso (sobre todo en tiempos de guerra) podría aceptar nuevos registros de invenciones para todo el territorio ruso aunque ya hubieran sido patentadas como ucranianas.
Esto nos situaría en un escenario en el que el propietario de una patente ucraniana (fuera o no nacional de ese país) habría perdido el derecho a poder explotarla en el territorio ocupado y, además, correría el riesgo de que el invasor pudiera volver a solicitar una patente igual en Rusia (eso sería inadmisible en países con un Estado de Derecho funcional, pero difícilmente exigible frente a un régimen como el ruso) que tendría protección en toda Rusia, además de las zonas invadidas.
Minería tecnificada en zonas de litio o uranio
Ucrania cuenta con yacimientos relevantes de litio, grafito, titanio y uranio, muchos de ellos situados en regiones parcialmente ocupadas. La explotación moderna de estos recursos no depende únicamente del acceso físico al yacimiento, sino del uso de tecnologías específicas protegidas por patentes: métodos de extracción menos contaminantes, procesamiento selectivo o reciclado de tierras raras.
En un escenario de nula supervisión internacional, estos conocimientos podrían ser incorporados a proyectos rusos o vendidos a terceros países sin reconocimiento de su origen legítimo.
Ahora mismo, Ucrania no solo lucha por mantener su integridad territorial sino también por conservar su desarrollo tecnológico, su capital intelectual y su memoria científica. La soberanía de un país no se mide solo por su ejercicio en un espacio físico sino por el mantenimiento de su conocimiento en el sentido más amplio de la palabra.
La imposibilidad de materializar en las zonas invadidas por las tropas rusas, las patentes registradas en Ucrania supone una pérdida irreparable de su know-how y de sus opciones de desarrollo tecnológico como país.
El futuro de Ucrania no solo se juega en el campo de batalla, sino también en sus algoritmos, en sus fórmulas, en sus procesos productivos, bases de datos y capital intelectual.

